Babilonia, ese reino lleno de alienación se ha instalado en los puntos turísticos más importantes y de moda. El dios Jah ya no está presente en nuestra costa; era muy común encontrar a los más celebérrimos rastafaris hasta hace poco en Los Caños de Meca. Sión, o Etiopía, esa meca de paz y espiritualidad se ha esfumado de vacaciones y no volverá hasta septiembre, así que Babilonia, con su imperio, se hará fuerte en la zona mediante coches, ruido y aglomeraciones. Nos hemos portado mal, somos malos rastafaris y Jah nos ha castigado con ese mal de la sociedad actual, el consumismo. Si hubiese más amor, más paz, si tuviésemos más querencia y empatía, esto no ocurriría: no habría rumores de especulación en el litoral, las personas usarían más la bicicleta y seríamos más creativos y divertidos ataviados de rastas. No hay que olvidar que la amiga naturaleza es la que más sufre la masificación que nos trae Babilonia.
Dónde estará nuestro Marcus Garvey que nos rescate de la situación de alienación, y lo más importante, nuestro Bob Marley particular que nos dé espiritualidad. Invoquemos a Jah, Allah, y al que haga falta. Oremos por todo aquél que sufra las vicisitudes que suponen el trabajar 10 horas seguidas, por aquellas personas que no pueden descansar tranquilamente… y por el que se llena los bolsillos de alquileres imposibles.