La gente 14mar2009
Una de las herencias más profundas que tenemos de esa España negra que nunca nos ha abandonado es ese ser superior que ni siquiera Marx lo incluyó en su teoría de la superestructura, la gente. Este conjunto intangible es una nube oscura sobre nuestras cabezas, un lobby de presión sin presidente ni intenciones, una justificación de decencia y moderación contra el miedo. ¿Qué persona nunca ha sentido la reprobación por algún acto en forma de aliento en la nuca procedente de la garganta de la gente? Especialmente en localidades que no sobrepasen de las 50.000 almas errantes, en esas villas y cortes en las que todos nos conocemos. Este bloque de ignoradas proporciones y de fuertes raíces sólo tiene un factor pero muy peligroso: su opinión. Sólo hay que apelar a ella con la bendita frase ¿qué dirá la gente?, y de repente la nube oscura se coloca encima de nuestras cabezas. Si antes estaba mal visto el embarazo de una mujer soltera o el pelo largo en hombres (muchos de ellos calvos en la actualidad), podría decirse que los grandes enemigos de la gente son la indecencia y la transgresión, por muy infantil que podamos verlo en pleno siglo XXI. Es una especie de coco para la gente adulta que bien mezclada con política puede convertirse en censura, porque la gente no entiende de elecciones pero siempre actúa para hacer daño. Lo llevan en la sangre.
Esta pequeña reflexión, sin justificación aparente, está dedicada a las personas que ven mermadas sus capacidades sociales y/o artísticas por decisiones que parecen ser tomadas del más allá con menos justificación aún y de la que “nadie tiene responsabilidad”.


















