Crónica del Festival Entremundos 08jul2007
Justo un mes después publicamos la crónica de lo que se aconteció en el festival Entremundos (Maracena, Granada) escrita para el batracio amarillo.

grupo: trashtucada · foto: inma jiménez
Nos vamos a Maracena, festival “Entremundos” hecho para la felicidad del buen hippy. ¿Qué mejor manera de comenzar a recibir el verano y el buen tiempo? Nada más llegar al parque del anfiteatro, el ambiente era el deseable entre guitarras, malabares y un poco de calor que se ahogaba con cerveza, al igual que el cartel, fresquito y olía a verano.
Comenzando a las 20.00 aproximadamente, nos encontramos con Soldier, el único grupo de la noche que podía etiquetarse como “reggae”. A pesar de haber poco público aún, los granadinos nos deleitaron con música procedente del caribe, versiones de Bob Marley incluidas como “War”.
El segundo grupo fue el primer representante del nutrido colectivo gaditano en el evento, los jerezanos Parafernalia. Ganadores del concurso del festival Extremúsika (Cáceres) del pasado marzo, tienen un buen componente de mestizaje, ingrediente que hegemonizó la velada en el anfiteatro de Maracena. Es un grupo recomendable para oír en chiringuitos de playa, con voces femenina y masculina. ¡Que rule!
Siguiendo en la misma provincia, nos vamos esta vez a la punta de Europa, la cual vio nacer al grupo Mokelembembe, grupo que supo meterse a la gente en el bolsillo con canciones vivas de su último trabajo “Se están cargando mi pueblo”. Si no tuvieron la suerte de acudir al festival Entremundos y tienen pensado ir por Tarifa, pregunten por un concierto suyo, no les defraudarán.
El recinto comenzó a llenarse tal y como mandaba la situación, y los chiclaneros Trashtucada saltaron al escenario con su nueva versión de la canción “Empastucada”. Trompetas, percusión y guitarreo llenaron el escenario y contagiaron al ya abarrotado anfiteatro con bailes y saltos. El grupo no defrauda y se despide con la canción que abre su nueva demo, “Penélope”.
La cosa iba rápida, y justo al encenderse las luces del escenario, el grupo Sambiosis Batucada hizo un corro entre el público para amenizar los momentos en el que se cambiaban los instrumentos. Fue una sorpresa para muchos el hecho de que fuera una actuación tan familiar, sin necesidad de amplificación, “a pelo”. La gente bailó, disfrutó y se hizo más amena la espera para que “Los vecinos del Callejón” tomasen el escenario. Los granadinos demostraron la fuerza que guarda su maqueta “Demostrando”. Punk, ska y mucho viento hacían vibrar al público, los cuales recibieron con ovación la última canción de la actuación, “Juan Puchero”, dedicada a todos los borrachos del lugar.
Seguidamente, de nuevo la batucada con cambio de director, ya que Canteca de Macao tardó un poco en decorar el escenario al más puro estilo de verbena de barrio. Los madrileños fueron muy esperados durante toda la noche, aclamados cuando se subieron al escenario. Un poco de punk, de copla, malabares y ska no es fácil, y los Canteca no defraudaron a pesar del cansancio que podía traer consigo el haber disfrutado ya con tantos grupos de una misma tacada y que el propio grupo llegó justo media hora antes de su actuación. De todos modos, había ganas de fiesta y no podía ser menos.
Cambiando de tercio, y bien entrada la madrugada, casi a las cuatro de la mañana saltaron 9 personajes con faldas escocesas, “Los Niños de los ojos rojos”. Parecía increíble que hubiese gente que aguantase tantas horas, pero fue todo lo contrario, el recinto entero botó con los extremeños. A golpe de violín o flauta, la mayor parte de las canciones que la gente bailó era instrumental, excepto alguna que presentaron los músicos como una “típica tabernera bosnia”. Lo más destacable del evento fue la habilidad de uno de los cantantes, un genio del “beat-box” donde pudimos oír la sintonización de una radio o el temazo “Everybody dance now!” con caja de ritmos incluida… y todo hecho con la boca. Mucha gente boquiabierta e intetando emularlo fue lo que se vio en la zona baja. ¡No es para menos!
Todos los grupos felicitaron a la organización, muy buena para unos y perfecta para otros, y la verdad es que se pudo notar en todos los detalles, desde la oportunidad de tener puestos de artesanía hasta la comida en la esquina ofrecida con alegría. ¿Qué más se puede pedir? Un festival alegre, al alcance de todos y en un enclave perfecto. El año que viene repetimos, tal y como dijimos el año pasado.


















