Del vinilo al MP3… ¡¡Rock&Roll!! 28mar2007

Han pasado muchos años desde que Chuck Berry o Little Richard diesen los primeros acordes famosos a esa cosa llamada rock’n'roll y que tanta revolución trajeron a la música años después de la mano de gente como Jimi Hendrix. No hablaremos sobre su evolución, más que nada porque son los propios aficionados los que escriben páginas de oro en la historia haciendo eternas muchas canciones. Si hay alguien que se emocione o tenga recuerdos, está de enhorabuena, sabe sentir la música como tantos en esta gran familia donde la edad es lo que menos importa. Hay canciones inolvidables, de ésas que te quedan grabadas en la mente asociadas a momentos especiales. En ese instante, la palabra “canción” se queda pequeña llegando a considerarse “banda sonora particular”, sonidos que irán ligados contigo para siempre… para bien o para mal. Los hay que comenzaron a educar sus oídos con los Beatles, hicieron “viajes lisérgicos” a ritmo de Pink Floyd o conocieron la genialidad con Led Zeppelin. Escuchar los primeros acordes de “Stairway to heaven” (original del grupo “Spirit”, de su canción “Taurus”) deja más ojos vidriosos por metro cuadrado que una gala de OT. Cada música tiene su momento, pero hay nombres que por suerte nunca caerán en el olvido y no han sido ni serán víctima de modas. Mientras el cuarteto de Liverpool revolvía el movimiento “fan”, los otros no menos británicos diseñaron auténticos himnos que hicieron de este mundillo la mejor base posible para un futuro bien venidero. Mientras, aquí en la península, la cadavérica dictadura era testigo de grupos como Lone Star, Los Módulos o los catalanes Evolution, los cuales no podían dar más de sí por el retraso cultural y político que sufría el país por aquel entonces. Menos mal que los setenta se iban acercando y esos pequeños rockeros iban creciendo a ritmo de Ñu, Deep Purple o Leño con ansias de una sociedad nueva y se enfundaron sus mejores piezas para atestiguar que se podían dar tres vueltas al mundo como hicieron los del heavy-rock. Mención aparte merece grupos como Triana o Smash, rock anárquico a ritmo de flamenco con el cual se demostró que esto era imparable. No es raro escuchar “abre la puerta” con una sonrisa en los labios, y me atrevo a decir que al que no le pase es porque no quiere a su madre. Sí, lo siento, soy un “hooligan” del grupo sevillano, ¡qué le vamos a hacer!. A partir de aquí la historia es más conocida, pero siempre es importante conocer y recordar sus raíces, aquellas que en décimas de segundo es capaz de hacernos cambiar nuestro estado de ánimo, de llorar a reír, de meditar a berrear criticando al gobierno de turno. Y es que hay canciones para toda situación posible, ya sea dedicadas a los ateos que prefieren un “Salve” de Evaristo antes que el Rociero, o contar “Mentiras” con Boikot como si fuésemos niños en una excursión de un colegio que abandonamos hace tiempo y en el que dejamos como legado estribillos de Extremoduro escritos sobre sus mesas a conciencia con un compás para que las generaciones venideras las canten a coro. Sobre si Dios salva a la reina o no, que se preocupen los británicos, ya tenemos bastante con el nuestro. Eso sí, el lado romanticón es inevitable, sintiendo la “mirada asesina” de nuestro primer amor con el que sufrimos nuestro también primer “dulce castigo” convirtiéndonos de esa forma en el más borracho del puente “Cantalojas”. “Deja que esto no acabe nunca” es lo que hemos pensado algunos más de una vez, o dos, pero “vamos a engañarnos… va a durar siempre”. Otros tantos también habrán analizado si tienen todos los “vicios” que enumera Reincidentes en su canción, o si nos vamos un poco más lejos, a Australia, no creo que ningún amante se haya resistido a hacer “el paso de la gallina” que popularizó Angus Young con su Gibson SG… su guitarra de toda la vida, la roja y negra. ¡Que levante la mano quin no lo haya imitado enfrente de un espejo! Cambiamos de tercio: ¡Pelos largos, cuernos arriba, estamos de concierto! Otro recuerdo especial es al primer directo que acudimos aunque sea del grupo de tu barrio sobre todo cuando versionean a tu grupo favorito y te das cuenta años después que sólo son tres acordes facilones y un ritmo monótono, pero da igual, ya estamos demasiado metidos como para saber quiénes son “Falsos Dioses” y quiénes no. A cuántos “muertos del rock” les daríamos unas collejas… Por todo ello, ¿quién después de recordar esos momentos de la adolescencia no ha vuelto a sonreir y sentirse orgulloso de su pasado? Y esto lo dice alguien que mientras escribe este artículo a medianoche tiene a Barricada tocando en una cinta de cassette “Animal caliente” con lluvia de fondo. Es inevitable, son “maneras de vivir” que nos hacen únicos. Fidelidad al rockanroll, “¡nos vamos al infierno!”.

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